• Jose Luis Díaz

Verdes y liberales tendrán la llave del próximo gobierno alemán

Alemania se enfrenta a un nuevo entorno electoral. La época de los partidos que obtenían el 30% o el 35% de los votos y sólo podían permitirse gobernar con un solo socio ha terminado. La fragmentación del voto en estas elecciones ha dejado un mapa insólito: dos formaciones con alrededor del 25% y otras tres con el 10-15%. Si tenemos en cuenta a la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), sometida a un cordón sanitario que nadie piensa romper, el papel de los dos partidos que ya no son minoritarios será decisivo para formar el próximo gobierno. Los Verdes y el liberal FDP tienen la clave para decidir si el próximo canciller será Olaf Scholz o Armin Laschet.


Los Verdes resultaron ser el tercer partido más votado, con cerca del 15% de los votos, según los resultados preliminares. Es el mejor resultado de su historia y supone un aumento de unos cinco puntos porcentuales respecto a las elecciones de 2017. Su candidata, Annalena Baerbock, cree que los votantes dieron al partido un claro mandato para abordar la crisis climática con más fuerza, pero admitió su derrota tras ver las primeras proyecciones. "Queríamos más. No lo conseguimos por nuestros propios errores", dice. Baerbock y el copresidente del partido, Robert Habeck, prefieren formar una coalición liderada por el SPD, pero no se cierran a otras alternativas. Su coalición tripartita preferida sería la llamada coalición tripartita del semáforo, por los colores que marcan los partidos: rojo para el SPD, verde para los ecologistas y amarillo para los liberales.

El FDP, por su parte, opta por una llamada coalición jamaicana, denominada así por los colores de la bandera del país caribeño: negro, que representa a los democristianos de la CDU/CSU, verde y amarillo. En otras palabras, el líder liberal Christian Lindner querría, en principio, intentar hacer a Laschet canciller, aunque esté en segundo lugar detrás de los socialdemócratas. El ganador de las elecciones puede tener más legitimidad para intentar formar gobierno, pero al final ganará el mejor negociador. La cancillería será para quien consiga ganar a los dos partidos minoritarios.


Las elecciones más reñidas que ha vivido Alemania abren un horizonte de acuerdos y concesiones que no es ajeno a la cultura política de un país acostumbrado a las coaliciones. La diferencia es que los antiguos bloques (conservadores con liberales; socialdemócratas con verdes) ya no funcionan. Una coalición a tres bandas requerirá mucho más esfuerzo para aunar los intereses de formaciones muy diferentes.


El enfrentamiento entre los Verdes y los Liberales es evidente al leer sus programas. Los Verdes hicieron campaña con una promesa de 15.000 millones de euros para invertir en la protección del clima. Lindner, en cambio, se opone al endeudamiento. El líder del FDP, que aspira al cargo de ministro de Economía, no acepta que se recurra al freno de la deuda -un instrumento de la Ley Fundamental alemana que limita el endeudamiento- ni a la subida de impuestos. Su política fiscal y económica es mucho más parecida a la de la CDU que a la de los socialdemócratas.


Los resultados dejan fuera las posibles coaliciones rojo-rojo-verde, como se conoce a la coalición de trío de izquierdas liderada por el SPD con los Verdes y Die Linke (La Izquierda). El partido poscomunista, contra el que los conservadores habían centrado su campaña, tuvo un mal resultado según los resultados preliminares, obteniendo sólo el 5% de los votos y quedándose así por debajo del umbral necesario para entrar en el Bundestag.


Los cristianodemócratas han pedido el voto para "evitar una coalición a tres bandas de izquierdas" con la presencia de un partido que quiere abandonar la OTAN y se opone a las misiones en el extranjero del Bundeswehr, el ejército alemán. Scholz se ha negado repetidamente a descartar esa posibilidad para tener más margen de negociación con los liberales. Ahora que esto ya no es matemáticamente posible, Scholz está perdiendo esta ventaja. Los números también apuntan a una gran coalición entre la CDU y el SPD, pero al menos por ahora nadie se lo plantea.


La noche del domingo fue agridulce para la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD). Según los resultados preliminares, el partido ha bajado del tercer puesto -y de la cabeza de la oposición, ya que los dos principales partidos, la CDU y el SPD, formaron parte de una gran coalición en las últimas elecciones- al quinto, por detrás de los Verdes y los Liberales. Al mismo tiempo, sin embargo, se convirtieron en la primera fuerza ultraconservadora de la historia de la República Federal que volvió a ganar las elecciones al Bundestag. La AfD es ahora un partido establecido con acceso a puestos institucionales.


El cordón sanitario de los demás partidos sigue en pie, pero la presencia de ultras en las instituciones y en los debates televisados se va normalizando. "Es importante señalar que, a pesar del peor resultado conservador de la historia, la extrema derecha no ha crecido, sino que ha perdido apoyos. Es una buena noticia para Alemania", afirma Arne Jungjohann, politólogo y miembro de la Fundación Heinrich Böll, cercana a los Verdes.



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