• Fernando Carrasco

Una noche tranquila para españa.

España vence a Georgia por 4-0. España obtuvo una cómoda victoria ante Georgia, con goles de Álvaro Gayá, José Luis Soler, Pablo Sarabia y Aleix Vidal.


España es un equipo imprevisible, pero no tanto como para enredarse en un partido en casa contra Georgia, que además estaba sin su mejor jugador. Así que en el Nuevo Vivero de Badajoz, con más de 8. 000 personas disfrutando del sabor del fútbol en directo, la selección hizo caso al calendario de la clasificación para el Mundial de Qatar y cumplió por una vez con lo que tenía previsto: ganó a su rival sin despeinarse y ya tiene la vista puesta en pasado mañana: primero, porque visita a Kosovo, una visita incómoda, no en lo futbolístico, sino en lo político, y segundo, porque Suecia, su rival, visita a Grecia en Atenas y ese es uno de los partidos que alimenta las esperanzas de España de que Suecia ceda puntos. Después de la decepción de la derrota en Estocolmo, no ha venido mal tomarse un pequeño respiro estos días.


Casualidad o no, el buen partido ante Georgia llegó después de que Luis Enrique tocara muchas teclas. Cambió a dos de los tres centrocampistas (Rodri y Llorente por Busquets y Koke) y a dos en la delantera (Sarabia y Abel Ruiz por Gerard Moreno y Morata). Cinco cambios, la mitad del equipo en un momento difícil, después de un contratiempo. Conociendo mínimamente al técnico, probablemente ya tenía ese once en mente independientemente del resultado de la visita a Suecia, pero lo cierto es que con esos cambios, todo cambió.




A favor de España, Gayá probó suerte desde fuera del área al cuarto de hora de juego, y la suerte quiso que el balón fuera desviado por un defensa hacia su propia portería, ya que hay dudas sobre si el disparo fue a puerta. En cualquier caso, la UEFA concedió el gol al jugador del Valencia, así que eso es todo. Cuesta abajo, España empezó a encontrar las soluciones que le ha costado encontrar en otras ocasiones, y Soler, en el minuto 24, aprovechó el quinto centro desde la línea de fondo realizado por Marcos Llorente, recuperado para jugar como interior, en un rol que le asignó Simeone el año pasado y que le ha hecho multiplicarse como jugador. El propio Llorente aportó el tercero para Ferrán Torres, que sigue con su media goleadora de casi medio gol por sesión en la selección. Así, el equipo se fue al descanso con todo resuelto y con dos certezas. Una, se dice, Llorente, y la otra, no se dice, Carlos Soler.


Su participación es un ejemplo de eso que suele predicar Luis Enrique y que señala como jugadores de la selección a los que están en mejor forma en cada momento. El centrocampista del Valencia ha jugado dos veces con la selección absoluta y ha marcado dos goles, y eso, en un equipo al que le cuesta tanto encontrar la portería contraria, es una bendición. Su juego no tuvo discusión. Empezó poniendo dos balones en profundidad a Gayá que crearon las primeras ocasiones del equipo, nada más empezar, y ayudó a balancear el balón de lado a lado, algo que el equipo hizo con más gracia que en otras ocasiones.


Como Georgia no exigió nada, apenas pasó del centro del campo, fue una noche plácida para la polémica defensa. Ni Eric García ni Laporte -sustituido en el descanso por Albiol- tuvieron el más mínimo trabajo, lo que no sabemos si es bueno o malo, porque los sudores defensivos tendrán que ser tratados y corregidos en algún momento. El caso es que, pensándolo bien, no era el momento de asumir tareas mayores. España necesitaba ganar, tener una noche tranquila y pensar en lo que viene.


En la segunda parte, con el partido ya resuelto, Luis Enrique fue moviendo el árbol e incluso hubo tiempo para ver el debut de Robert Sánchez, el portero del Brighton, que sustituyó a Unai Simón, inédito incluso porque el único ataque con peligro del rival, que acabó en el larguero, no encontró sus guantes. Para entonces continuaba el recital de Llorente, al que se sumó Pablo Sarabia, un jugador que fue decisivo en la Eurocopa y que cada vez que pisa el campo pide continuidad. Suyo fue el cuarto gol y una magnífica asistencia a Abel Ruiz, que falló. El delantero estuvo voluntarioso, corrió de un lado a otro e hizo todo lo que le pidió Luis Enrique, pero tampoco parece ser la solución a la falta de gol del equipo.

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