• Fernando Carrasco

Un Barça confuso

El Granada impidió que Koeman se convirtiera en entrenador del Barça. El equipo nazarí nunca había ganado en el Camp Nou hasta el 29 de abril, cuando impidió que los azulgranas alcanzaran el liderato de la tabla y sumaran 12 puntos en la Liga: 1:2. Esta derrota puso al entrenador en el punto de mira del presidente Laporta. La continuidad de Koeman está más cuestionada que nunca después de que su equipo volviera a tropezar contra el Granada en un partido que debía servir para que el Barcelona se recuperara de la tormenta de la Liga de Campeones del martes. El empate a uno delató la miseria de los azulgrana y el partido captó el estado de ánimo agotado de Koeman.


El abatimiento era tan completo que los aficionados sólo se quejaron cuando el himno del Barça sonó a todo volumen. Los aficionados prefirieron entonces aplaudir al coloso Araujo. El uruguayo evitó la derrota del Barça en el último minuto, dejando al equipo y al club en tierra de nadie, a la espera de que ocurra algo sin saber qué, y atrapado en la sala de espera a la espera de Laporta. Nadie sabe ahora qué puede hacer el presidente y qué pasará con el desmesurado Koeman.


Aterrado contra el Bayern, el Barça tuvo un comienzo muy valiente contra el Granada. Koeman desplegó a varios jóvenes, sobre todo en la defensa, cuya media de edad apenas supera los veinte años, sobre todo por la ausencia de Piqué y la presencia de Balde, el sustituto del lesionado Alba. El técnico quiso darse una alegría, ya sea con el presidente o con los críticos, acosados como se sentían desde el palco y parte del campo, así como desde la tribuna de prensa, y al minuto y medio el equipo marcó un gol tras un pase de Escudero, cabeceado por Duarte.



Aunque el error vino del Dest, nadie señaló a los jóvenes, sino a los veteranos por la pasividad de De Jong y la perspectiva de Ter Stegen. Los abucheos de un sector de la afición fueron sustituidos por cánticos a favor del Barça mientras se desplegaba una pancarta con las palabras Força Koeman. El entrenador no parece tener un plan ni una formación estable, sino que está reuniendo a los jugadores en busca de un punto de inflexión, mientras la confrontación y la desorientación son evidentes en el Camp Nou. El Barça está jugando dos partidos, contra el rival y contra sí mismo, echando de menos el juego y a los jugadores, expuestos a cualquier contratiempo, como el gol del central Duarte.


El gol engrosó la zaga del Granada y atrofió el ataque del Barça. A los azulgranas les faltó equilibrio, tanto colectivo como individual, porque les faltó un pase para seguir o un regate que superara la condensada defensa de Roberto Moreno, el técnico catalán, socio del culé y buen conocedor del vestuario del Barça. Ni Coutinho ni De Jong se animaban con sus disparos de media distancia, y sólo Dest conseguía disparar.


El Barça no llegaba al área, ni siquiera a través de centros, hasta que entró Araujo. Desde el penalti concedido, el centrocampista cabeceó antes del descanso para encender el Camp Nou. La respuesta de Maximiano fue tan extraordinaria como el remate del charrúa, el mejor jugador del Barça. Mingueza se unió a la incursión y por un momento pareció que el Granada sucumbiría. El portero no cejó en su empeño, para frustración del Barça, que no encontraba la forma de entrar en el ritmo del partido, inquietado por las interrupciones y pérdidas de tiempo de su rival, que sólo se veían agravadas por Machís en la banda izquierda.


El escenario era tan desalentador que había que hacer cambios profundos en el Barça. La cuerda siempre se rompe en el mismo lugar: Sergi Roberto dio paso a Luuk de Jong, mientras que Demir y Memphis se abrieron en las bandas y Frenkie de Jong y Busquets formaron un doble pivote en un 4-2-3-1. Aunque la consigna era intercalar centros para que los delanteros remataran, el gol no llegó para desesperación de la afición, ya que no hubo más señal de ataque que el juego bravo de Araujo. El frágil Coutinho se fue al vestuario y Gavi entró en escena.


No hubo ni siquiera una oportunidad de tiro ante un Barça desbocado. La desesperación de Koeman llegó a tal punto que acabó recurriendo a Piqué y al inutilizado Riqui Puig. El centrocampista no marcó, pero la noticia fue que Piqué fue colocado como segundo delantero centro junto a Luuk de Jong. Una cifra que, en un equipo como el Barça, parecía más una rendición que una declaración de intenciones. Araujo fue el único que marcó ante la insistencia. Un gol que permite seguir especulando sobre el futuro a corto plazo tras un tropiezo ante un rival con tres puntos en la Liga. El Granada, esté donde esté en la tabla, es un mártir para Koeman.




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