• Jose Luis Díaz

Temor ante el retorno de los controles en Gibraltar

Gibraltar vuelve a estar amenazado por el espectro de un Brexit. Lejos de desaparecer, la valla podría convertirse en una pesadilla diaria para los casi 10.000 españoles que trabajan en la colonia británica. Si las negociaciones en curso no fructifican a tiempo, la Comisión Europea podría exigir a España que introduzca los controles de pasajeros y mercancías correspondientes a la frontera exterior de la UE, punto de entrada y salida del espacio Schengen.


La semana pasada, las delegaciones europea y británica celebraron una primera ronda de conversaciones sobre el futuro estatus de Gibraltar con el objetivo de llegar a un acuerdo antes de finales de año. En teoría, sólo se trataría de reflejar el acuerdo de principio alcanzado entre Madrid y Londres el 31 de diciembre, según el cual Gibraltar disfrutaría de los beneficios del espacio europeo sin fronteras sin formar parte de Schengen y con España como garante. El punto más urgente es el papel de los agentes de aduanas de la agencia europea Frontex y de la policía española en el puerto y el aeropuerto de Gibraltar.


El mayor peligro, sin embargo, es que las negociaciones se vean empañadas por la determinación de Londres de desvincularse del acuerdo e incluso romper los acuerdos sobre Irlanda del Norte alcanzados en 2019. El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, dijo el lunes en Luxemburgo que los desacuerdos sobre el protocolo de Irlanda del Norte "no deben" condicionar el acuerdo sobre Gibraltar. "Son dos cuestiones diferentes que no tienen nada que ver entre sí y, además, son dos negociaciones distintas", subrayó.

Sin embargo, según las fuentes contactadas, es muy difícil aislar las dos negociaciones, que transcurren en paralelo y dependen del mismo comisario, el eslovaco Maroš Šefčovič. De hecho, el acuerdo sobre Gibraltar se alcanzó apenas una semana después de que se cerrara el acuerdo general del Brexit. Uno de los puntos más delicados fue el protocolo sobre Irlanda del Norte, que ahora Londres quiere revisar, mientras que Bruselas sólo está dispuesta a aceptar una interpretación flexible que reduzca la burocracia a la que deben someterse las mercancías con destino al Ulster.


El problema es que el tiempo se agota y la disputa puede desencadenar la resurrección de la valla como efecto secundario, como ocurrió antes de la entrada de España en la UE en 1986. De momento, los equipos negociadores sobre Gibraltar tienen programadas dos rondas en noviembre. Y han marcado la semana del 13 de diciembre en sus calendarios como el momento ideal para llegar a un acuerdo. Pero ante la escalada de tensiones por el protocolo irlandés, las alarmas han saltado y los temores son palpables. "Si la disputa sobre Irlanda no se resuelve a finales de año, o si Londres cumple su amenaza de suspender unilateralmente el acuerdo, será muy difícil concluir las negociaciones sobre Gibraltar, independientemente de los avances que se produzcan", admite una fuente europea.


Desde el 31 de diciembre, fecha en la que finalizó el periodo de transición del Brexit, Gibraltar se encuentra en tierra de nadie, fuera de la UE pero sin la cobertura del tratado de comercio y cooperación que rige las relaciones entre el Reino Unido y la Unión. Legalmente, la valla se ha convertido en una frontera exterior de la UE, pero en la práctica la situación sigue siendo la misma que cuando formaba parte de la UE.


La Comisión Europea hace la vista gorda, según las fuentes contactadas, mientras se negocia un acuerdo que debería llevar al desmantelamiento definitivo de la valla. Sin embargo, esta situación no puede durar indefinidamente y la Comisión, como guardiana de los tratados, se verá obligada tarde o temprano a exigir la aplicación de los controles de Schengen, incluidos los visados y los pasaportes.


A partir del 31 de octubre dejarán de aplicarse los acuerdos de emergencia que regulan la asistencia sanitaria de los trabajadores transfronterizos, el reconocimiento de los permisos de conducir británicos y el reconocimiento y convalidación de títulos. Todos estos acuerdos se han prorrogado hasta ahora, pero las fuentes consultadas creen que no tiene sentido prorrogarlos más cuando se está llegando a un acuerdo definitivo.


El ministro Albares tiene previsto recibir este martes a los alcaldes del Campo de Gibraltar, a los que tratará de tranquilizar, pero sin perder de vista la necesidad de prepararlo todo por si el temido Brexit se hace finalmente realidad en Gibraltar.

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