• Fernando Carrasco

Sánchez inicia un proceso de renovación en el PSOE.

La Ejecutiva Federal aprobará hoy el nombramiento de los nuevos portavoces en el Congreso y el Senado.


El Partido Socialista sigue asimilando lentamente el desastre electoral que sufrió en la Comunidad de Madrid el 4 de mayo. Por supuesto, la conmoción inicial ya ha pasado, pero las réplicas del terremoto que dañó los cimientos del partido -no en vano, el PSOE rompió su suelo histórico en la región- se siguen sintiendo hoy en día. La aplastante victoria de Isabel Díaz Ayuso obligó a Pedro Sánchez a recalcular su estrategia y a llevar a cabo una "esperada renovación" tanto en Moncloa como en el partido para reforzar las estructuras del Gobierno y del PSOE de cara a concurrir a las elecciones de 2023. La catarsis comenzó con la renovación del gabinete antes del verano y continuará ahora en el partido, que afrontará una legislatura decisiva del 15 al 17 de octubre en el 40º Congreso Federal que se celebrará en Valencia.





Con estos cambios, el presidente pretende recuperar la iniciativa política y la conexión perdida con la calle. El 10 de julio culminó la renovación del Gobierno, en la que dio muestras de querer cerrar viejas heridas internas del pasado y apostar por una renovación generacional para construir un futuro liderazgo territorial que se plasme más allá del horizonte temporal casi inmediato del final de la legislatura. Ahora es el turno del PSOE. Por el momento, se espera que un adelgazamiento sustancial de la estructura del Comité Ejecutivo Federal reduzca su solidez actual. No se pagarán más favores. Si nos guiamos por la huella que ha dejado Sánchez en la crisis de gobierno, el mensaje que ha transmitido a los cuadros de su partido es que nadie es imprescindible. El presidente ha llamado a su núcleo duro sin mirar atrás, y en el PSOE hay pánico a la posibilidad de que no mire atrás ni siquiera ahora.



Los socialistas celebraron ayer la presentación de la campaña de afiliación, un acto que el defenestrado José Luis Ábalos, curiosamente, tenía en su agenda el mismo día en que se desencadenó la remodelación del Gobierno, y que se vio obligado a cancelar por ello. Ayer fue dirigido por Adriana Lastra y Santos Cerdán. El acto fue un evento a mayor gloria de la ya ex portavoz del PSOE en el Congreso, donde los asistentes alabaron su labor y advirtieron: "Pero no se va". Lastra mantendrá su cargo de vicesecretaria general del PSOE en el 40º Congreso, pero prácticamente perderá su importancia al renunciar a su cargo de presidenta de la Cámara. De hecho, aunque se encargó de darse a conocer tras la crisis de gobierno, declarando que era la "número dos del partido", la realidad es que apenas ha ocupado el cargo durante estos años, concentrando toda su visibilidad y trabajo en el Congreso de los Diputados. Junto a ella, Santos Cerdán estará al frente de la Secretaría de Organización y, si todo va según lo previsto -lo que nadie se atreve a asegurar-, sustituirá a su antiguo "jefe" Ábalos.


El Ejecutivo, que se ha reunido hoy en Ferraz, empezará a caminar hacia la renovación con el nombramiento de nuevos portavoces en el Congreso y el Senado. Lastra será sustituido por una nueva cara, Héctor Gómez. Un perfil desconocido, muy cercano a Sánchez, que marca una dependencia de Moncloa, ya que hay voces en el partido que apuntan a que los hilos serán movidos desde el Gobierno por el ministro de Industria, Félix Bolaños, y el nuevo secretario de Estado de Relaciones con las Cortes, Rafael Simancas. Este último será sustituido por Rafi Crespín, diputada por Córdoba, y Felipe Sicilia, que continuará como portavoz adjunto, aumentará su importancia. Se trata de un gesto de reconciliación hacia la Federación Andaluza tras la marcha de Susana Díaz al Senado.


En esta Cámara, será Eva Granados quien sustituya a Ander Gil, que pasó a presidir el Senado tras la marcha de Pilar Llop a la judicatura. Granados es la mano derecha de Iceto en el PSC y con la llegada de Salvador Illa como primer secretario de los socialistas catalanes, ha perdido terreno, por lo que buscó un escaño en el Senado, que deberá ser aprobado por el Parlamento. Este procedimiento no pudo ser superado por su partidario, el actual ministro de Cultura, debido al veto de ERC.

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