• Fernando Carrasco

Rodrygo repara al Madrid

El gol del brasileño dio la victoria al Real Madrid tras una primera parte sostenida por Courtois.


El Real Madrid jugó dos partidos en San Siro. De Courtois a Rodrigo. Apenas han llegado a la primera cuando el Inter se ha cerrado en banda y les ha dejado en los huesos. El equipo de Simone Inzaghi falló, detenido sólo por el portero belga. Lo hizo el Madrid, el otro Madrid, el de la segunda parte, sin los focos sobre su portero, pero colgado de los pulmones de Valverde, la agitación de Vinícius y un gol clínico de Rodry, ya ganador la temporada pasada en Milán. Hacía tiempo que Rodrygo no era protagonista, esta vez por delante del irrelevante Hazard y sin el enfermo Bale en el centro del campo.


En el momento oportuno en San Siro, Rodrygo, un joven jugador al que le falta regularidad, condujo al Real a sellar la victoria. Su intervención en el partido dejó al Real al alcance de la mano en la fase de grupos, tras vencer por primera vez a su supuesto rival número uno. El partido pasó factura a un equipo madrileño que lucha por recuperarse de una mala actuación. Un equipo tímido y malhumorado al principio se convirtió en un equipo hinchado tras el descanso, que ya parecía diferente, que ya tenía otro pecho. Suficiente para desviar al Inter, agravado por los relevos, lo contrario del Madrid.




El Real Madrid, jodido desde el principio por un Inter desarticulado y con hilos, lo pasó mal en el primer acto. Fue un asunto que nos dejó boquiabiertos. Fueron los aguerridos muchachos de Simone Inzaghi, liderados por el batería Brozovic, un guerrillero de primera clase, quienes con sus remates lograron que el Inter saliera victorioso de todos los escollos. El Inter fue y fue, dejando cuellos en la línea en cada momento. El Madrid sobrevivió, apoyado por Courtois, y sin más relevo. Vinícius no se escapó por la banda, Benzema no manejó el ataque, Modric no dio el día...Y tanto Alaba como Nacho se esforzaron como central y lateral izquierdo.


Ancelotti, de vuelta en el conocido patio de San Siro, quería asolar al Inter por las bandas, con Lucas como salvador de Carvajal por la derecha en detrimento de Hazard y Nacho por la otra. Era innecesario dada la disposición del equipo local, cuyo constante bloqueo de la ofensiva sólo daba espacio a Casemiro, que prefería chutar antes que atacar. El resto de los jugadores del Madrid tuvieron mucho trabajo. El Madrid fue incapaz de defender hacia adelante, incómodo ante las llamas locales. Todo ello ardió en un Inter nada versallesco, pero con muchos huesos al servicio de Cornet Brozovic, un centrocampista de media vida. Donde antes pivotaba el torbellino Lukaku, ahora en el Chelsea, la baza ofensiva es ahora Džeko, sin el físico del belga pero con muchos palos para el polvo en el área rival. Courtois, la principal sustancia de los blancos, fue la prueba de ello durante toda la primera parte. Tanto por su escaso andamiaje con y sin balón como por su menor diente. El Madrid no se acercó a Handanovic, redujo a Vinícius, aisló a Benzema y, con Lucas, tendió a rematar de espaldas en lugar de presionar a la defensa del Inter. Tampoco hubo rastro de Modric y Valverde, que jugaron en la caldera de San Siro, donde sólo se encontraron con cocodrilos. El Inter se atragantó, el Madrid gruñó. No tuvo nada que ver con lo que pasó después. Los de Inzaghi se quedaron sin gasolina, los de Ancelotti tiraron de nervio hasta encontrar a Rodrygo.


Preocupado por el acoso del Inter, Ancelotti intervino en el descanso. O eso parecía, porque tras el descanso apareció otro Madrid. Nada que brindar, pero una Real más consistente, más categórica, con Casemiro y Valverde como lanzadores, menos comedidos que al principio. El entrenador visitante dio entrada a Rodrygo y Vinícius salió al campo. Las embestidas se produjeron por las bandas, con Benzema señalado por tres centrales, Simone Inzaghi. La ruleta de los cambios alivió al Madrid tanto como había aliviado al Inter, ahora sin el traqueteo de la apertura. Brozovic desapareció, Džeko no tuvo impacto, Lautaro se fue, al igual que Perisic. El Inter bien afeitado, ya a los pies de Arturo Vidal, disparó al aire. Mientras el Inter se desvanecía, Vinicius crecía, ya decidido a aceptar el reto de la esgrima. Puede que no haya dado con la clave final, pero tuvo a la zaga del Milan en vilo. Al Inter le bastó con perder su expansivo primer tiempo.


Benzema tuvo la oportunidad de marcar con un cabezazo. Lo mismo ocurrió con Vinicius, a quien varios defensores le negaron un gol en el último minuto en un balón desviado, y Scriniar desactivó un tiro curvo que tenía muy buena pinta. Lo mismo se repitió poco después, cuando el brasileño olió a gol.


El Inter de Džeko se convirtió en el Inter de Skriniar, marcando el punto de inflexión del partido. Una cruz sintetizada por el gol tardío de Rodrigue. Una jugada muy bien cosida por Valverde y Camavingo. El uruguayo la rastreó dentro del área, el francés siguió con un servicio y Rodrygo, al igual que Benzema, la colgó delante de Handanovic. Fue el gol decisivo para el equipo madrileño, que superó el primer y posiblemente mayor obstáculo de la fase de grupos de la Liga de Campeones. No se dejaron amilanar por la adversidad y tuvieron la energía necesaria para la patada final.

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