• Fernando Carrasco

Polonia: una sociedad enfrentada y radicalizada

Una persona que no oculta su homosexualidad, como Jakub Urbanik, profesor e historiador del derecho en la Universidad de Varsovia, se siente "excluido, ni siquiera como ciudadano de segunda clase" en un país donde el gobierno ultraconservador hace bandera de su homofobia. Karolina Pawlowska, directora del Centro de Derecho Internacional del think tank Ordo Iuris, defiende la familia tradicional y cree que la estrategia de igualdad de la UE estigmatiza a las mujeres que no quieren trabajar a tiempo completo para cuidar de sus hijos. Estas son las dos polonias: la que quiere vivir con los valores y derechos sociales de la Europa liberal, y la que cree que la UE le impone una moral contraria a sus principios tradicionales.


Desde la llegada al poder del partido ultraconservador Libertad y Justicia (PiS, en sus siglas en Polaco) de Jaroslaw Kaczynski en 2015, "la polarización y las temperaturas emocionales se han intensificado", afirma Aleks Szczerbiak, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Sussex (Reino Unido). El gobierno ha inflamado temas como el aborto, la igualdad de género, los derechos de los LGBTI y la relación de Polonia con Europa; y ha aumentado las divisiones en la sociedad.


"La mayor división está entre los que apoyan al gobierno y los que no", dos bloques que también se corresponden con la división social, dice un experto en política polaca. Los que votan al PiS son generalmente de mayor edad, menos educados, tienen menores ingresos, viven en zonas rurales o en ciudades pequeñas, y son religiosos y tradicionalistas. Políticamente, son de derechas en cuestiones sociales y culturales, pero apoyan más las políticas de izquierdas en cuestiones económicas (intervención del Estado en la economía, prestaciones sociales, etc.). Los que se oponen al gobierno tienden a vivir en las ciudades, tienen mejor acceso a la educación y están mejor situados económicamente. Según Szczerbiak, son más progresistas en los aspectos morales y sociales, pero más liberales en los económicos.

Pawel Jablonski, subsecretario de Estado del Ministerio de Asuntos Exteriores polaco, está de acuerdo. Según él, existe "un conflicto entre la gente más acomodada, que se cree más educada y mejor preparada para tomar decisiones sobre el desarrollo del país, y desprecia a los demás, a los que viven en pueblos más pequeños, a los pobres". En una pequeña sala con muebles dorados en el antiguo Departamento de Estado, dice, refiriéndose a la oposición liberal, es difícil encontrar un terreno común con los que les miran por encima del hombro.


Entre los temas que más conflicto han causado en Polonia en los últimos tiempos, el viceministro de Asuntos Exteriores señala el enfrentamiento con Bruselas. "Hay un debate muy fuerte sobre la relación entre el derecho europeo y varias decisiones del Tribunal de Justicia de la UE y del Tribunal Constitucional", dice con calma sobre el monumental conflicto entre Varsovia y Bruselas por la decisión del Tribunal Constitucional de la semana pasada que declara la primacía del derecho polaco sobre el europeo. Para el viceministro, la cuestión es "si la Unión Europea es sólo una organización de Estados miembros soberanos o si es en realidad un superestado que puede imponer lo que le parezca en Bruselas", dice en español.


El domingo pasado, decenas de miles de polacos se manifestaron en defensa de una Polonia europea, convocados por Plataforma Cívica, el principal partido de la oposición dirigido por Donald Tusk. Urbanik cree que la protesta en Varsovia reflejó la polarización convertida en "odio" que recorre casi todos los aspectos del debate público entre los partidarios del gobierno y sus opositores. "Había gente cantando 'que se joda el PiS'. Así que no hay lugar para el debate", lamenta el profesor y activista jurídico LGTBI en su despacho de la universidad. "En la última década y media, el debate en el Parlamento se ha desfigurado brutalmente".


Los medios de comunicación están exacerbando esta división. "Si miras las noticias de la TVP [televisión pública] y de la TVN [privada], son completamente contradictorias; parecen hablar de dos países diferentes", explica Szczerbiak desde el Reino Unido.











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