• Jose Luis Díaz

Los estudiantes turcos salen a la calle ante la subida de los precios de los alquileres

En los últimos días, las redes sociales se han inundado de imágenes de jóvenes durmiendo en los bancos de los parques de Esmirna, frente a la Universidad de Sakarya, en los asientos de los transbordadores que conectan las costas europeas y asiáticas de Estambul y otras partes de Turquía. Forman parte de las protestas que se iniciaron a mediados del mes pasado contra la dificultad de acceder a la vivienda o a las plazas en las residencias universitarias en un momento en que los alquileres han subido entre un 50% y un 300% respecto a los precios de hace un año. Un centenar de estudiantes fueron detenidos, pero posteriormente fueron puestos en libertad.


"Publicamos un vídeo de varios estudiantes durmiendo en el parque. Cuando fuimos a hacer lo mismo al día siguiente, la policía lo acordonó y desplegó decenas de policías y un vehículo blindado. Les preguntamos si el problema eran los 20 estudiantes que dormían fuera o las circunstancias que nos obligaban a dormir en la calle", explica Mert Batur, uno de los portavoces del movimiento Barinamiyoruz (No tenemos alojamiento) y estudiante de Derecho en la Universidad de Estambul. "El vídeo atrajo mucha atención y la policía acabó retirándose. Desde entonces, dormimos cada noche en diferentes parques de Estambul", explica. Según el Ministerio del Interior, se han repetido las protestas en diversas formas en 24 de las 81 provincias del país.

Septiembre y octubre son meses de gran actividad en el mercado inmobiliario turco. Con el inicio del curso escolar, los estudiantes universitarios y los profesores buscan alojamiento, y los propietarios suelen aprovechar el aumento de la demanda para subir los precios. Este año, una combinación de factores ha provocado que estas subidas de precios sean astronómicas: por primera vez desde que comenzó la pandemia, la educación ha vuelto a ser presencial, con millones de estudiantes que regresan a sus lugares de origen en las principales ciudades del país, como Estambul, Ankara e Izmir, donde se encuentran casi la mitad de las 200 universidades del país, así como las más grandes y solicitadas. Por ejemplo, un millón de los ocho millones de estudiantes universitarios de Turquía viven en Estambul.


Otros países del mundo están lidiando con una burbuja inmobiliaria a medida que se recupera la normalidad, interrumpida por la pandemia, pero "en Turquía, la política monetaria del gobierno la ha empeorado", afirma el economista Ugur Gürses. Explica que en 2020 el Gobierno presionó a los bancos, especialmente a los estatales, para que concedieran créditos hipotecarios a cualquier precio. Los bancos llamaban por teléfono a los clientes potenciales para convencerles de que contrataran una hipoteca a tipos favorables (el tipo de interés de referencia estaba en el punto más bajo de los últimos cuatro años, el 8,25%, y ahora está en el 18%), y estos clientes potenciales no eran necesariamente los que necesitaban una vivienda con mayor urgencia, sino los que tenían un perfil más adecuado en términos de devolución del préstamo, es decir, los que tenían mayores ingresos.
















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