• Jose Luis Díaz

Lo más probable para el volcán de La Palma es que siga entrando en erupción sin ninguna explosión

La vuelta a la normalidad se prolongará por el riesgo de recurrencia, los niveles de gases tóxicos y estará condicionada por los daños en infraestructuras.


El Equipo de Coordinación del Volcán de La Palma está trabajando con todos los escenarios posibles: desde el más destructivo hasta el menos dañino. Sin embargo, el comportamiento actual y la historia de la zona sugieren que el escenario más probable es una erupción continua no explosiva que dure varias semanas. La erupción más larga conocida ocurrió en 1585 y duró 84 días; la más corta, en 1971, duró 25 días. En cualquier caso, la vuelta a la normalidad para los más de 6.500 residentes evacuados no será inmediata una vez que se interrumpa el flujo de lava. Habrá que esperar a que la zona afectada se enfríe y se estabilice, para analizar los daños en las infraestructuras, los riesgos de recurrencia, los niveles de gases tóxicos y de ceniza acumulada, y otros parámetros.


Raúl Pérez, geólogo, sismólogo e investigador del Instituto Geológico y Minero de España (IGME), que forma parte del equipo de seguimiento de la erupción de Cabeza de Vaca en la isla de La Palma, aprecia que la velocidad de la lava en su camino hacia el mar ha disminuido y que la apertura de un nuevo respiradero eruptivo cerca del pueblo de Tacande en El Paso sigue la misma tendencia que los anteriores: "Los terremotos que la acompañaron nos indican que el magma sigue encontrando nuevas vías de ascenso, pero con el mismo estilo eruptivo: la lava sigue saliendo, fluyendo por la ladera y sin erupciones explosivas".


Este comportamiento es similar al observado entre el 26 de octubre y el 18 de noviembre de 1971 en Teneguía, donde sólo una persona murió por exposición a gases tóxicos tras eludir un cordón de seguridad. En esa ocasión, la lava no afectó gravemente a las zonas pobladas y llegó al mar, donde creó una nueva zona de dos millones de metros cuadrados.


En este sentido, el experto en riesgos geológicos del IGME explica: "En teoría, cualquier vulcanólogo diría que no hay dos erupciones iguales y que todas tienen sus especificidades. Sin embargo, en la zona de Cumbre Vieja encontramos características bastante coherentes con las históricas: las coladas de lava [placas de lava] salen a favor de la cresta y el magma aprovecha el terreno roto para encontrar una vía de escape más fácil. En cierto modo, esto puede ayudar a que las erupciones sean menos violentas, porque si ya tienes un camino creado por las fracturas extensionales, es más probable que la lava se comporte de forma menos violenta al salir."


Ana Crespo Blanc, catedrática de Geodinámica de la Universidad de Granada, coincide con Pérez en que el vulcanismo de la zona sugiere que el escenario descrito es el más probable: "Básicamente, esperamos que ocurra lo mismo que ha sucedido en otras ocasiones en los últimos siglos: erupciones que durarán de un mes y medio a dos o tres meses, y luego, cuando la presión en la cámara de magma baje, se detendrán".


Entender este elemento clave llevará tiempo. El control geoquímico es esencial para comprender la presión en la cámara magmática que empuja el magma hacia fuera. Pero Crespo, geólogo formado en la Universidad de Lausana (Suiza) y en la de Sevilla, insiste en que, dadas las erupciones anteriores en la zona, "lo más probable es que se produzca una acumulación de lava que llegue al mar, donde se enfriará y podrá incluso aumentar el tamaño de la isla."


Los científicos rechazan los escenarios más catastróficos, como el defendido hace 20 años en la revista Geophysical Research Letters por Steven Ward, de la Universidad de California, y Simon Day, del University College de Londres: "Las evidencias geológicas sugieren que en una futura erupción podría producirse un fallo catastrófico del flanco occidental del volcán Cumbre Vieja, en La Palma, con la caída de entre 150 y 500 kilómetros cúbicos de roca al mar. Basándonos en una estimación geológicamente razonable del movimiento de los desprendimientos, modelamos las olas del tsunami desencadenadas por dicho colapso. Las olas generadas por un bloque de 500-150 kilómetros cúbicos del desprendimiento a una velocidad de 100 metros por segundo podrían atravesar toda la cuenca atlántica y llegar a la costa de América con una altura de hasta 25 metros".


Crespo Blanc rechaza claramente este escenario y advierte: "Creo que es conveniente no alarmar a la gente. El peor escenario sería un vaciado completo de la cámara magmática y su colapso, pero ese no es el caso de La Palma. Eso sería una erupción muy grande que afectaría a toda la isla, y obviamente no es el caso aquí. Tendríamos que asumir que una vez que la actividad que se está produciendo ahora haya pasado, todo volverá a la normalidad".


El geólogo Raúl Pérez también descarta el escenario descrito por Ward y Day: "La erupción no va acompañada de fenómenos muy violentos. En el contexto del vulcanismo, el fenómeno que se produce es pequeño. Para que se produzca un colapso de la caldera, tendrían que estar implicados enormes volúmenes, y ese no es el caso aquí. Este escenario no se considera porque no hay indicios de que pueda ocurrir, ni por los volúmenes que se estiman ni por las características eruptivas".


En este sentido, a la vista de erupciones similares, se puede plantear un escenario en el que la erupción de lava se prolongue durante más tiempo del previsto, pero según Pérez, "tendría que haber unas condiciones especiales que no están previstas". "Según el geólogo, "se contempla la posibilidad de que una pequeña interacción entre el magma y el agua pueda provocar una explosión".


La predicción sugiere que el fin de las erupciones marcaría el posible inicio de una vuelta a la normalidad. Sin embargo, esto no será inmediato, ni se sabe cuándo ocurrirá. En este sentido, el geólogo del IGME advierte: "Aunque no haya lava, para nosotros el fenómeno continúa. Puede seguir acumulándose aunque no tenga salida a la superficie".


Para evaluar qué zonas no corren peligro, se están vigilando los mapas del movimiento de la lava y su previsión hasta que complete su recorrido, según datos del Instituto Geográfico Nacional. Raúl Pérez añade: "Luego habrá que determinar qué infraestructuras están cortadas y la composición de los campos de lava y las cenizas, que pueden contener elementos tóxicos que han afectado a los cultivos y a los acuíferos. Estamos preparando un estudio de impacto. Y el campo de lava tiene que enfriarse y estabilizarse, necesitamos saber si se están formando tubos volcánicos debajo y si el terreno afectado es estable. Llevará mucho tiempo, no puedo decir cuánto, pero la vuelta a la normalidad no será inmediata".


Los mapas de peligro, que marcarán las posibilidades de que los 6.500 evacuados vuelvan a sus casas, repasan el riesgo que suponen los flujos de lava, las cenizas, los flujos piroclásticos, las emisiones de gases, los lahares o flujos de lodo, los corrimientos de tierra y los tsunamis. También tienen en cuenta la actividad sísmica, la deformación del suelo, las concentraciones de dióxido de carbono y azufre y las temperaturas para predecir futuras erupciones o nuevos centros eruptivos.

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