• Fernando Carrasco

Las vacunas empiezan a caducar en Cataluña debido a la ralentización de la vacunación.

Las vacunas contra el coronavirus empiezan a caducar en Cataluña. La tasa de vacunación fue muy inferior a la prevista por el Departamento de Salud de la Generalitat, y algunos viales no pudieron administrarse hasta pasados los 31 días estipulados desde la descongelación. Algunos de los equipos de vacunación de Barcelona confirman que, de momento, algunos centenares de dosis no se han administrado en el plazo previsto y tendrán que ser retiradas de la circulación a la espera de ver qué tiene previsto el Ministerio de Sanidad para estos casos, advirtiendo de que está en riesgo "la cantidad de dosis". El departamento de salud reconoce la situación pero no especifica el número.


La Generalitat entiende que la demanda de vacunas aumentará tras el verano otoñal de septiembre: de las más de 725.000 dosis semanales administradas a principios de julio, Sanidad ha pasado a inyectar 123.000 dosis en los últimos siete días, cuando el deseo del consejero de Sanidad, Josep Maria Argimon, era llegar a las 500.000 inyecciones semanales.


El Ministerio de Sanidad admite que esperaba un "aumento de la demanda" que no se ha producido, y atribuye este "desequilibrio" al "alto porcentaje de personas mayores de 12 años inmunizados", aunque la cobertura global es menor que en otras regiones. Cataluña es actualmente la segunda región con menor cobertura contra el covid (71%), sólo por detrás de Baleares (68%) y muy lejos de Asturias, que ya ha protegido al 82% de su población. La media española es del 75%.


Debido a la baja demanda, Cataluña sufre ahora un excedente, y fuentes sanitarias admiten que se han perdido algunos viales, aunque no precisan cuántos: "Algunos de los lotes no administrados están muy cerca de su fecha de caducidad y, sin tener datos precisos, es posible que algunas unidades hayan caducado". Los equipos de enfermería admiten que es difícil atraer a los desprotegidos y que las campañas del ministerio son mucho más selectivas que las campañas masivas diseñadas para atraer a la gente de la calle.



La ralentización de la vacunación es un problema habitual, por lo que el Gobierno ha pedido a Pfizer que posponga la entrega prevista para esta semana para no acumular dosis de más y evitar "fechas de consumo"según fuentes del Gobierno. Cataluña tiene casi un millón de vacunas en sus neveras: según dadescovid, ha recibido 11,8 millones de dosis y se han consumido 10,8 millones.


Las vacunas de Pfizer y Moderna, que son las más utilizadas en España, tienen una vida útil de seis meses si se conservan congeladas entre 60 y 90 grados bajo cero. Sin embargo, una vez trasladados a los lugares de vacunación y descongelados, los trabajadores sanitarios tienen un mes para administrarlos. En estas áreas, los equipos de enfermería piden un número semanal de viales en función de sus previsiones, y una vez que los sacan del congelador, comienza la cuenta atrás.


Según el responsable de una de las cuatro zonas de vacunación de la ciudad, el servicio de salud ya descubrió a finales de agosto que el recinto de vacunación de la Fira de Barcelona tenía más dosis de las que finalmente inocularía, por lo que envió un gran número de ellas, que caducaban el 15 de septiembre, a los centros de atención primaria (CAP) de la ciudad. Cada zona se compone de aproximadamente quince CAP. "Intentamos utilizar todas las dosis", dice, "pero en una zona tuvimos que perder entre 300 y 400 dosis". Asegura que el excedente es similar en las otras zonas de Barcelona, por lo que el número de vacunas perdidas es probablemente al menos de miles. "Sólo de pensarlo se me ponen los pelos de punta", se queja. "Espero que la gente se dé cuenta de la situación en la que nos encontramos y vaya a vacunarse para que no perdamos más dosis", ruega.


En el campus norte de la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC), las enfermeras que vacunan a los alumnos sin cita previa los martes tenían viales que caducaban el jueves, y el CAP del barrio de Gràcia buscaba esta semana a unas 60 personas para utilizar viales que caducan el próximo lunes.


Las vacunas caducadas no se tirarán por ahora, a la espera de estudios científicos que determinen si pierden gran parte de su poder inmunizante, y se mantendrán refrigeradas. "No tenemos precedentes de vacunas de ARN mensajero", afirma Magda Campins, jefa del servicio de medicina preventiva y epidemiología del Vall d'Hebron de Barcelona. "Cuando una vacuna caduca, su capacidad de inmunización se reduce, pero aún no lo sabemos en el caso de Pfizer y Moderna", añade.


Sin embargo, la situación puede remediarse, ya que la Comisión de Salud Pública acordó el jueves administrar una tercera dosis a las personas con cáncer y a los ancianos de las residencias, además de a los altamente inmunodeprimidos (trasplantados o personas tratadas con fármacos anti-CD20). "Esta decisión es una gran noticia porque nos permitirá utilizar vacunas que están en peligro de caducidad", afirma Campins. El epidemiólogo dice que esta semana se han administrado aproximadamente 1.000 dosis en Vall d'Hebron, que expiraron el pasado viernes.

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