• Jose Luis Díaz

La victoria de La Roja contra Italia les da el pase a la final de La Liga de Naciones

Una gran España se enfrentó a una Italia de récord en San Siro. El equipo de Luis Enrique, que leyó muy bien a Italia, tuvo un poco de todo: buen fútbol, mandíbula, decisión, temple para un thriller final. Todo lo necesario para superar al vigente campeón de Europa, un equipo que no había perdido en 37 partidos y que nunca había perdido en San Siro. Una velada para el futuro próximo de La Roja y para el presente inmediato de Gavi, de niño a brigadista gracias a Luis Enrique, preciso con su trabajo y más que adecuado con el entorno. Lo suyo es el fútbol, un juego que da mucho que decir y en el que ni siquiera los más cumplidores, como el asturiano, aciertan del todo.


Mientras esperaba que la Liga de las Naciones ganara en respetabilidad, nadie en San Siro la tomó como un trofeo de galletas. Tampoco lo hizo el abrumador calendario. En Milán se jugó un fútbol de protesta, un partido muy reñido encabezado por el valiente cadete Gavi. El recluta más joven de la historia de España (17 años y 62 días) se saltó todos los pronósticos y pasó sin complejos del primer parpadeo. Qué atrevimiento, debió pensar el renombrado Verratti, que fue abatido por el ascendente Gavi a pesar de su aspecto de monaguillo. En su noche, Gavi no hacía más que pedir y pedir la pelota. Ni una arruga. Una pierna de mármol y sin evitar ningún tipo de fregado. Era como si La Roja hubiera sido su patio de recreo privado toda la vida. Otro partido en el barrio. No hay papel gregario.


Gavi fue expansivo, al igual que el otro entrante inesperado. A Marcos Alonso le ha costado mucho llegar a la escena internacional. Marginado por la proliferación de laterales izquierdos y su mejor disposición a brillar en el Chelsea cuando está acompañado por tres centrales. España no lo hizo y Marquitos, el tercero de la saga, disipó cualquier sospecha. En torno a él, lo mejor del ataque visitante se activó. Los de Luis Enrique pudieron responder con creces a un fuerte disparo de Chiesa, que paró Unai Simón. Italia quería cerrar cada jugada de la combinación a toda velocidad. La Roja, más discreta, se apoyó en el triángulo Marcos-Oyarzabal-Sarabia con un enlace directo con Ferran.

El seleccionador español desplegó a la Roja de forma que las variantes de ataque fueran constantes, con Sarabia como enlace y Oyarzabal y Ferrán a su lado. El guiño de Marcos a Sarabia se le escapó a Oyarzabal por el dedo meñique. Esta escena se repitió. Italia tenía un cráter en el lado derecho. El jugador del Chelsea y el capitán del Real se dieron cuenta. El primero pasó al segundo y Ferrán respondió al centro del vasco, como Gordillo o Roberto Carlos, con un remate tan exigente como clínico. Estaba tan animado que Marcos, el granuja, puso a prueba a Donnarumma. El madrileño tampoco fue ajeno a los altercados en la grada -presumiblemente del Milan, no del Inter- con el portero. El centrocampista del Milan aún no le ha perdonado tras su marcha al PSG. El disparo de Marcos, sin apuros, descolocó al portero, ayudado por Bonucci bajo el larguero. Unai no dudó después de que el disparo de Bernardeschi rebotara en el poste izquierdo de la portería del vasco. El disparo de Insigne, solo ante Unai, se fue desviado.


El partido fue muy duro para ambos equipos. Gavi se enfrentó a Verratti -es imposible no reproducir aquella foto tótem que inmortalizó a Raúl con el centurión Vierkhod en Chamartín- o se la jugó a Chiesa. A sus 34 años, Bonucci no tenía motivos para creer que el ruso Karasaev le castigaría por su airada protesta. Y, desde luego, no que un pretoriano como él sea condenado a una tarjeta roja. El árbitro no se inmutó ante Busquets tras la entrada con el codo. Italia fue reprendida. Más aún cuando Marcos, Sarabia y Oyarzabal entraron en acción y aún así fueron a por todas, y otra asistencia de Ferrán selló el 0-2 con un cabezazo.


En el descanso, la Azzurra se enfrentaba a un precipicio. Pero esto es Italia, resistente como pocas. Y más resistente que cualquier otro equipo cuando la acción se convierte en un esfuerzo agónico. El eterno Chiellini jugó con su hermano gemelo, Bonucci, y Luis Enrique retiró al delantero Ferrán por otro debutante, el canario Yeremy Pino. El equipo de Mancini no se dejó intimidar y España, con 0-2 y once contra diez, nunca miró hacia atrás, inclinándose más por la finalización que por la resolución del partido con un imán para el balón. Chiesa demostró que los de Mancini no estaban indefensos con una arrancada que terminó con un disparo al poste izquierdo de la portería de Unai. Oyarzabal aprovechó la ocasión con un remate de cabeza y, cuando la Roja se fue arriba y abajo, Donnarumma evitó el 3-0 con una parada atómica de Marcos al extremo.


Italia fue Italia hasta la médula y, a pesar de los contratiempos, puso en un brete a España.En un saque de esquina, el marcador estaba 1-2 a su favor. El pase de Yeremy a Pau, el único defensor, llegó demasiado tarde. El jugador del Villarreal se encontraba frente a Chiesa en el centro del campo, cuyo chute fue producido por el extremo de la Juve en la esquina opuesta. Todo el horizonte para él y Pellegrini y el único verdugo posible era Unai. Un Pellegrini de aspecto desesperado marcó. Pero Italia se quedó corta y España se enfrentará a Francia o Bélgica en la final del domingo. Esperemos que sea cierto y que la derrota en la Eurocopa sea una derrota con futuro.





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