• Jose Luis Díaz

La lava del volcán de La Palma llega al mar formando una gran columna de humo

La lava del volcán de La Palma llegó al mar hacia las 23:00 horas del martes (hora canaria, una hora antes en la península) frente a la costa de Tazacorte, en una zona conocida como Playa de los Guirres (también llamada Playa Nueva), donde rodó por un acantilado de unos 100 metros de altura. El contacto entre la lava y el mar ha provocado la emisión de humo negro, que llega a la costa debido a los vientos que soplan hacia el interior desde el agua por la noche. El mar es poco profundo en esta zona, lo que hace que se forme una nueva meseta con relativa rapidez.


El grupo de geociencias marinas del Instituto Español de Oceanografía, que sigue la evolución de la lava, precisó que el "impresionante depósito de más de 50 metros" se formó en menos de 45 minutos y sigue creciendo.


Poco antes de las 22:00 horas del martes, el Instituto Vulcanológico de Canarias informó de que la colada de lava ya había atravesado la llamada carretera de la costa, situada junto a la Montaña de Todoque, de 320 metros de altura, en el municipio de Tazacorte. La distancia entre la carretera y la costa es de aproximadamente un kilómetro. Este fue el último obstáculo importante al que se enfrentó la corriente de lava antes de llegar al mar. La interrupción de esta carretera dejó prácticamente incomunicados los barrios de Puerto Naos, El Remo y La Bombilla, también en Tazacorte, aunque el Cabildo estableció rutas alternativas a estos pueblos.

Desde que cruzó la Montaña de Todoque, el caudal aceleró su recorrido debido a lo escarpado del terreno, engullendo por el camino numerosas plantaciones de plátanos que explotaban el fértil suelo de la zona. El flujo de magma hacia el océano es un fenómeno que ha preocupado a las autoridades desde que comenzó la erupción el domingo 19 de septiembre, porque su reacción con el agua salada provoca nubes tóxicas. La única persona oficialmente reconocida que falleció como consecuencia de la erupción del volcán Teneguía en 1971 murió por la inhalación de estos gases. Por este motivo, se ha reforzado la protección civil, ya que "pueden producirse explosiones y emisiones de gases nocivos", según ha declarado el Comité de Crisis (Pevolca).


El camino de la lava hacia el mar, un devastador viaje de diez días de aproximadamente 50 millones de metros cúbicos de lava, es irregular e impredecible. Tras varios días de ralentización, el flujo de lava se reactivó el pasado domingo, cuando cogió velocidad y avanzó hacia el mar, una semana después de que el volcán entrara en erupción. Esta situación provocó el cierre de emergencia a medianoche de cuatro pueblos debido al riesgo de emisión de gases tóxicos. Los humos tóxicos que produce la lava al entrar en contacto con el agua preocupan mucho a las autoridades, que han establecido una zona de exclusión de dos millas náuticas.


La directora del Instituto Geográfico Nacional (IGN) en Canarias, María José Blanco, anunció el martes que una de las bocas del volcán en la parte norte ha cambiado ligeramente hacia el comportamiento hawaiano. En este tipo de erupción, el proceso suele ser más silencioso porque la lava es más fluida, los gases se liberan fácilmente y no hay explosiones. Hasta ahora, las autoridades han explicado en todas sus presentaciones que se trata de una "erupción de desdoblamiento de tipo estromboliano", es decir, la apertura de una fisura en una montaña cuya erupción es sostenida, de lava líquida y salpicada de erupciones explosivas, similar a la del volcán Stromboli, en las Islas Eolias, al norte de Sicilia.


El avance de la lava es continuo, pero tras una pausa de dos horas en la mañana del lunes, cuando cesó la emisión de magma, humo y ceniza, se reactivó a las 10.30 horas (hora canaria). Estas paradas y reinicios son comunes en este tipo de erupción. Al mediodía del lunes, la trayectoria de la lava se vio frenada por la orografía de La Palma. Esta circunstancia llevó al Comité Científico del Plan Especial de Protección Civil y Atención de Emergencias Volcánicas (Pevolca) a dudar de que la lava acabara llegando al mar. "No lo sabemos", dijo entonces su director técnico, Miguel Ángel Morcuende. "Si las condiciones hubieran continuado como a las 20 horas del domingo, sin duda ya habría llegado al mar. Pero un volcán tiene periodos de crecimiento y otros de desintegración".


Según ha explicado la jefa de emergencias volcánicas del Instituto Geográfico Nacional (IGN), Carmen López, en declaraciones a Efe, el nuevo volcán también podría estar alimentado por un depósito de lava más profundo, como ocurrió en el caso del volcán submarino de El Hierro. López explicó que la sismicidad profunda localizada en las últimas horas en la zona de Fuencaliente, con sismos de magnitud 3,3 a 3,4, indica el restablecimiento de un depósito en la corteza terrestre, al salir el magma en forma de lava, ceniza y piroclastos.


La lava aumentó su velocidad en su camino hacia el mar a última hora de la tarde del lunes. Su movimiento y resistencia en varias zonas, como la Montaña de Todoque, se ha generalizado en su camino hacia la costa.


Cuando una lengua de lava con una temperatura de unos 1.000 grados alcanza una temperatura del mar de poco más de 20 grados, genera una explosión de vapor de agua que crea una espesa nube negra. El calor extremo de la lava causa este penacho, pero también provoca una reacción química en la que interviene principalmente el cloro, que puede irritar la piel, los ojos y las vías respiratorias. Según el Servicio Geológico de EE.UU., hay cuatro peligros principales asociados a la lava que fluye hacia el océano: el súbito colapso de las tierras costeras y los acantilados, las explosiones causadas por este colapso, las olas de agua hirviendo generadas en las proximidades y, por último, la pluma de vapores tóxicos que contienen ácido clorhídrico y pequeñas partículas de cristales volcánicos.


Sin embargo, cuando el mar interactúa con un volcán, no todo es destrucción, como se vio en la reciente erupción submarina en la isla de El Hierro en 2011. El sábado, el buque de investigación oceanográfica Ramón Margalef llegó aquí para examinar en detalle la intrusión de lava en el mar. El barco también recogerá rocas y corales de la zona. Estos organismos absorben el azufre y otros gases arrojados por el volcán, por lo que Margalef espera estudiar el impacto que la intrusión masiva de lava tendrá en la fauna, explica Eugenio Fraile, investigador del Instituto Español de Oceanografía. "Los organismos que se verán más afectados son los que viven adheridos al fondo marino y no pueden moverse, y que probablemente morirán. Sin embargo, la recuperación puede ser rápida. Tres años después de la erupción del volcán submarino de El Hierro, estos organismos se han recuperado casi por completo", afirma.


Una posibilidad es que el mar se vuelva verde turquesa y forme una mancha gigante que pueda ser observada desde el espacio. Eso es exactamente lo que ocurrió en 2018 en Hawái. Una afluencia de roca fundida expulsó las capas de agua menos profundas, por lo que las capas más profundas, que tienen muchos más nutrientes, se elevaron y favorecieron el crecimiento de algas que colorearon el agua.

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