• Fernando Carrasco

La inmigración en Europa desciende drásticamente tras la pandemia

La crisis del coronavirus ha provocado un drástico descenso de la inmigración regular a las economías desarrolladas, tanto en lo que respecta a las restricciones de viaje como a la expedición de visados. En 2020, 3,7 millones de personas llegaron al club de los países más ricos del mundo por medios legales, la cifra más baja en 17 años y un tercio menos que un año antes. Según el último informe sobre migración internacional de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), publicado el jueves, España es uno de los países de destino donde el descenso es más pronunciado, con un 38%, mucho más que el 26% de Alemania o el 21% de Francia. El único país en el que aumentó el número de migrantes que llegaron legalmente en el momento álgido de la pandemia fue México, con 54.000 migrantes, una cifra récord "debido a un fuerte aumento de las admisiones humanitarias".


A diferencia de las cifras de inmigrantes ilegales que intentan cruzar las fronteras de la Unión Europea, la inmigración permanente que llega al viejo continente por vías legales se ha ralentizado. Y eso tiene un alto coste para los países receptores, según Thomas Liebig, experto en migración internacional. Ya no se trata sólo de un debate fiscal sobre cuánto aportan los inmigrantes y cuánto cuestan a los países, como están acostumbrados Dinamarca, Noruega, Suecia y Alemania: es que "hay escasez de mano de obra en Europa", señala el investigador principal de la OCDE. Vuelven a buscar inmigrantes, lo que es consecuencia de la crisis del covid", explica.

España destaca en el informe por dos razones: en primer lugar, porque es uno de los países en los que la caída de la inmigración ha sido más pronunciada -en gran medida porque una gran proporción de los inmigrantes proceden de América Latina y les resultó mucho más difícil llegar a España durante la pandemia- y, en segundo lugar, porque es uno de los países en los que el desempleo entre los inmigrantes ha sido más elevado.


Aunque en esta ocasión la pérdida de puestos de trabajo en España ha sido menor que en otras crisis, "el 70% de este descenso lo han pagado los inmigrantes", afirma Liebig. "Son los primeros en encontrar trabajo, son más flexibles y reciben salarios más bajos. Pero también son los primeros en caer cuando las cosas no van bien", razona. Muchos de ellos trabajaban en sectores muy afectados por la pandemia, como el turismo. Antes de la crisis, una de cada tres personas que trabajaban en la hostelería no había nacido en España, una proporción importante, pero inferior a la de Alemania (40%) o Suecia (53%).










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