• Jose Luis Díaz

La economía española crece un 2% quedando muy lejos de las previsiones del Gobierno

La economía española creció un 2% en términos intertrimestrales entre julio y septiembre, según los datos preliminares publicados el viernes por el Instituto Nacional de Estadística (INE). Aunque se trata de un crecimiento muy fuerte para un periodo prepandémico, fue este trimestre cuando se suponía que iba a haber un gran repunte de la actividad tras el levantamiento de las restricciones y los avances en la vacunación. Y en ese sentido, la cifra estuvo muy por debajo de las expectativas. A pesar de los buenos resultados en materia de empleo, de la recuperación gradual del turismo, de la notable mejora de los servicios y de los alentadores datos de las ventas con tarjeta, el producto interior bruto no está tomando el impulso que se esperaba hace un mes, justo antes de que el INE revisara el crecimiento a la baja, cambiando la narrativa sobre la fortaleza de la recuperación. La gran sorpresa es que el consumo de los hogares cayó incluso un 0,5% en términos intertrimestrales.


Aunque el empleo se recupera, las ventas no avanzan con la misma intensidad. La compra de automóviles y otros bienes, que pesa sobre el consumo y se ve obstaculizada por la falta de inventarios, puede estar influyendo. O la inflación galopante, que reduce el poder adquisitivo: aunque los hogares gasten más en euros, en realidad compran menos en volumen. La recuperación es más gradual. Ni la evolución del crédito ni el descenso del ahorro acumulado durante el periodo de austeridad hasta ahora sugieren una repetición de los turbulentos años 20 en el consumo. Y la desaceleración que se está produciendo es claramente visible en la tasa de crecimiento anual, que es del 2,7%, frente al 17,5% del trimestre anterior.


La industria se está viendo afectada por los altos precios de la energía y los cuellos de botella. En un contexto de restricciones de la oferta mundial, las exportaciones registran un fuerte crecimiento intertrimestral del 6,4%, frente a un crecimiento de las importaciones del 0,7%. Y la inversión crece al 2%, a pesar del retraso de la oferta, las malas cifras de inversión en transporte y la imposibilidad de recurrir a los fondos europeos.


Dado que se trata de un periodo de grandes fluctuaciones y de una época muy difícil para elaborar estadísticas, el propio INE advierte que estas cifras deben tomarse con pinzas hasta que se disponga de datos más definitivos. En cualquier caso, la economía sigue siendo un 6,6% más baja que antes del coronavirus. Y aún no se ha recuperado casi el 30% del nivel de producción perdido. En Europa, en cambio, están muy cerca de recuperar los niveles anteriores al virus. En consecuencia, la economía española sigue a la zaga de la recuperación de la UE.

Con estas cifras, parece muy difícil que se cumpla la previsión de crecimiento del Gobierno para este año, del 6,5%. En el cuarto trimestre, la economía tendría que dispararse un 7,5%, lo cual es una tarea muy difícil, sobre todo porque ya se ha recuperado gran parte del empleo y se espera que el cuarto trimestre sea peor que éste por la recuperación de la inflación y los cuellos de botella. Todos los analistas que revisan las previsiones las mantienen en torno al 5,1%, lo que sigue siendo una fuerte recuperación, pero mucho más baja de lo que había previsto el Gobierno. La letra V casi perfecta que se vislumbraba se está aplanando en el tramo ascendente. Y se espera un mejor crecimiento para el próximo año, a medida que se resuelva el desequilibrio entre la oferta y la demanda, los costes de la energía bajen desde la primavera y los fondos europeos empiecen a retirarse. Aun así, la solidez del crecimiento en 2022 dependerá de la evolución de estos tres factores.

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