• Fernando Carrasco

Jóvenes alemanes presionan a sus dirigentes para que tomen medidas contra el cambio climático


A dos días de las próximas elecciones alemanas, un grupo de jóvenes ha decidido aumentar la presión sobre los candidatos para que exijan objetivos más ambiciosos en la lucha contra el calentamiento global. Las calles de Berlín y de otras 470 ciudades alemanas pondrán a prueba la fuerza de los activistas que insisten en que ya no hay tiempo para abordar el problema más urgente del mundo.


Los aspirantes al liderazgo de Alemania tomaron nota el jueves. En un debate con los candidatos de los siete partidos con representación parlamentaria, volvieron a hablar de las reformas necesarias para hacer frente al cambio climático. "La tarea es enorme. Es la transformación de nuestra industria", resumió el democristiano Armin Laschet.


El llamamiento de los jóvenes llega en el momento más caliente de la campaña. Aunque el Partido Socialdemócrata (SPD) lidera las encuestas desde mediados de agosto, algunos sondeos empiezan a reducir la distancia que lo separa de la Unión Cristianodemócrata (CDU).



Los últimos sondeos siguen dando la delantera al partido de Olaf Scholz, pero a sólo tres o cuatro puntos porcentuales de su mayor rival. Si añadimos a estos márgenes tan estrechos el retroceso en las encuestas en otras elecciones recientes y la incertidumbre sobre sus posibles aliados, concluimos que Alemania parece ahora un país aturdido por un domingo de elecciones que nadie sabe cómo va a resultar.


Los riesgos climáticos estaban en el centro de la campaña. Las partes insisten en su compromiso con la energía limpia y la reducción de emisiones. Y es probable que los Verdes entren en el próximo gobierno. Pero los jóvenes del movimiento Fridays for Future (Viernes para el Futuro) no están contentos con las promesas que escuchan. Exigen mucho más. A pesar de las numerosas protestas, se centran en Berlín este viernes, donde se espera una manifestación masiva frente al Bundestag, en la que participará la estrella mediática del movimiento, Greta Thunberg.


Quang Paasch, ya veinteañero, sabe lo que es organizar una marcha con más de 100.000 personas como la de Berlín en 2019. Unas horas antes del evento, el joven activista no se atrevía a calcular el número de participantes, sobre todo por el impacto de la pandemia, que aún no ha remitido. Sin embargo, insistió en enviar un mensaje muy claro a todos los partidos con representación parlamentaria: que tendrían que escuchar las demandas de los jóvenes y no tan jóvenes que salen a la calle.


El final de la era de la canciller Merkel demuestra que ella, a la que a veces se llama la canciller del clima, está dejando el trabajo medioambiental a medias. Es cierto que en 2011, tras la catástrofe de Fukushima, impulsó el cierre de las centrales nucleares, pero esta decisión cogió al país por el camino equivocado. En la actualidad, el 25% de la electricidad que consumen los hogares y las empresas alemanas procede de una fuente contaminante como el carbón, cuyo fin no está previsto hasta 2038.


Tanto los socialdemócratas como los democristianos prometen en sus programas alcanzar la ansiada neutralidad climática -es decir, emitir a la atmósfera la misma cantidad de dióxido de carbono que se retira de ella- al menos en 2045, cinco años antes que el objetivo de Bruselas para la UE. Este compromiso no es nuevo, pues ya lo exige la legislación alemana, una decisión impuesta por el Tribunal Constitucional. Los Verdes van un paso más allá y se comprometen a una huella de carbono cero en 20 años.


Pero nada de esto convencerá a Thunberg y a su partido. "Los partidos carecen de ambición. Pero sus propuestas también son ignorantes. Los científicos han dejado claro que una economía industrial como la alemana debe alcanzar la neutralidad climática en 2035. Es posible y hay que conseguirlo", dice Paasch. Sólo los poscomunistas de Die Linke recogen este compromiso.



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