• Fernando Carrasco

Estados Unidos y China han acordado evitar una guerra.

Ambos presidentes han mantenido su segunda conversación telefónica en menos de un año.


El Presidente de Estados Unidos, Joe Biden, habló por teléfono con su homólogo chino, Xi Jinping, el jueves, y ambos reconocieron su responsabilidad para garantizar que la "rivalidad" entre sus países "no se convierta en un conflicto". La conversación fue la segunda entre los líderes de las dos potencias desde que Biden llegó al poder en enero, tras su larga llamada telefónica en febrero, y coincide con las altas tensiones en su relación.


"Los dos líderes mantuvieron una discusión amplia y estratégica en la que hablaron de temas en los que nuestros intereses convergen y de áreas en las que nuestros intereses, valores y perspectivas divergen", dijo la Casa Blanca en un comunicado. Ambos "acordaron mantener conversaciones abiertas y directas sobre todas estas cuestiones", añadía el comunicado emitido a última hora de la noche del jueves en Washington, cuando ya era la mañana del viernes en Pekín.



Fue Biden quien tomó la decisión de llamar a Xi, y lo hizo motivado por su "exasperación" ante la supuesta falta de voluntad de los funcionarios chinos de menor rango para mantener conversaciones serias con su Gobierno, explicó a Efe una fuente oficial estadounidense. La vicesecretaria de Estados Unidos, Wendy Sherman, visitó China en julio para reunirse con su homólogo, el viceministro de Asuntos Exteriores chino Sie Feng, pero este encuentro resultó infructuoso y la diplomática regresó a Washington con la sensación de que sus interlocutores se habían reducido a repetir sus posiciones sin negociar.


La llamada telefónica del jueves fue una prueba para ver si las conversaciones de alto nivel eran más efectivas dada la consolidación del poder en torno a Xi, dijo un alto funcionario estadounidense a CBS News. La Casa Blanca fue más diplomática en su declaración, diciendo sólo que Biden había llamado a Xi como parte del "esfuerzo en curso de Estados Unidos para gestionar responsablemente la rivalidad" con China.


"El presidente Biden hizo hincapié en el interés permanente de Estados Unidos en la paz, la estabilidad y la prosperidad en el Indo-Pacífico y en todo el mundo; y ambos líderes abordaron la responsabilidad de ambos países para garantizar que la rivalidad no se convierta en un conflicto", concluyó la nota.


La Casa Blanca no dio detalles sobre los temas específicos que los dos líderes discutieron, pero en otras ocasiones la administración de Biden ha identificado la crisis climática y la prevención de tensiones en la península coreana como dos temas en los que las dos potencias comparten intereses comunes.


La lista de desacuerdos es mucho más larga, y desde que Biden asumió el cargo, cuando hizo de la rivalidad con Pekín un pilar central de su política exterior y comercial, las tensiones bilaterales han disminuido mucho. En los últimos meses, las relaciones se han tensado debido a las acusaciones de Estados Unidos de que China estaba detrás del ciberataque global de marzo contra Microsoft, algo que Pekín ha negado.


Además, han aumentado las fricciones por las advertencias de Estados Unidos a las empresas estadounidenses para que no hagan negocios con entidades que operen en Hong Kong o en la región noroccidental china de Xinjiang, donde Washington acusa a Pekín de graves abusos contra los uigures y otras minorías étnicas.


Durante la llamada telefónica, Xi dijo a Biden que si Pekín y Washington chocan, "ambos países y el mundo sufrirán", según un comunicado del Ministerio de Asuntos Exteriores chino. Biden y Xi aún no se han reunido en persona, aunque la Casa Blanca no ha descartado que eso ocurra durante la cumbre de líderes del G20 que se celebrará en Roma a finales de octubre.


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