• Jose Luis Díaz

El Sheriff tumba al Real Madrid en el Bernabéu

El mundo del fútbol se ha visto sacudido por un golpe histórico. El epicentro fue el monumental Estadio Bernabéu. ¿Cómo explicarlo? El equipo más totémico de las Copas de Europa sucumbió ante un adversario con un nombre, para muchos, curioso. La actuación del Sheriff de Moldavia, recién llegado al banquillo de los campeones, dejó el fútbol revuelto. El Madrid entró en el partido tarde. En desventaja, lanzaron todo tipo de bombas de racimo en el área del principal héroe de la noche, el portero Athanasiadis.


Era su noche, el martes, como muchos de sus mariscales, resistente con una creencia conmovedora. Tanto es así que en el minuto 89, cuando el Madrid asaltó la portería visitante, el luxemburgués de veintisiete años Sébastien Thill puso el clavo en el ataúd del Real, es decir, del propio Real, con un remate diabólico. El fútbol con su lógica ilógica. El club transnacional es el líder destacado del grupo que recorren Madrid e Inter, dos campeones de Europa, dos jerarcas.


El Real Madrid tardó media hora en darse cuenta de que no iba a ganar antes de empezar a jugar. Menos aún cuando llegaron al partido en chanclas. Todos los jugadores del Real Madrid fueron a por él hasta que nadie dirigió el cabezazo ganador de Yakshiba a la jaula. Tampoco nadie enjauló a Cristiano, el extremo zurdo sobre el que el Madrid ya debería haber avisado.


No por la nostalgia, sino porque fue este Cristiano el que asistió a sus compañeros en los dos goles contra el Shakhtar en la primera jornada. En Chamartín, con los hombres reunidos con la Liga de Campeones en casa, 0-1. Asombro general. Sin bromas. Sheriff, un equipo humilde dispuesto a improvisar la gloria. Un equipo sin un solo jugador que pueda presumir de haber jugado un solo segundo de la Liga de Campeones antes de esta temporada.


Ancelotti desplegó a Camavingo y Valverde junto a Casemiro, y dejó a Hazard suelto por las bandas. Toneladas para el eje y un triplete para el ataque. Ni lo uno ni lo otro. El Madrid fue un Madrid aturdido y desestructurado desde el principio. Todos eran Camavinga, de ida y vuelta, no siempre con razón. Por el contrario, el recién llegado al campeonato moldavo, un equipo con un aire elemental pero bien empaquetado en las trincheras, firme en sus pies y a la espera del cometa. El Real apenas pudo inquietar a los chicos de Sherif con un lanzamiento de falta de Benzema, antes de que el uzbeko Yakshiboyev golpeara. Todo estaba desordenado en el Real. La lógica tuvo que imponerse. El equipo del entrenador ucraniano Yuri Vernydub estaba decidido a desafiar la deducción. Especialmente a 0-1.

Desde el gol visitante, el Sheriff tenía un convoy arriba. En la parte delantera, Hazard se aferraba. Una catarata de ocasiones para los locales en el último cuarto de hora del primer acto. Tormento para el portero Athanasiadis, que estaba siendo abucheado por todos lados. Benzema, Hazard, Vinicius, Nacho, Casemiro, Miguel.... Un equipo al ataque, aunque con demasiado abuso en los centros laterales. El pasillo del centro del campo estuvo falto de área, bien dominado por el colombiano Arboleda y el peruano Dulanto.


Entre picotazo y picotazo, más alarma para el Madrid. Un mal saque del pie de Courtois propició otra ocasión de Yakshibov. Esta vez pasó justo por encima del dedal.


Tras el descanso volvieron y continuó lo mismo. Sheriff cobró, Athanasiadis echó chispas y la caballería blanca se puso en marcha. No hay articulación del juego, pecho desnudo, ni gaitas tácticas. Nadie interpretó tan bien como Vinícius la banalidad de una batería de perdigones en el espacio del portero griego. El brasileño hizo lo que quiso. Pelota al pie, amago, bicicleta y de frente. Así inquietó al equipo moldavo cuando el toque de Costanza desde atrás tiró de la cadena. El VAR no descartó nada. Vinicius no se desesperó y se presentó con otra entrada en un instante. Se metió entre dos jugadores rivales y Addo lo mandó al suelo. Esta vez el VAR tuvo un ojo diferente. Benzema, tan certero como incisivo desde el punto de penalti, selló el empate.


El 1-1 no cambió los planes de Ancelotti, que ordenó cuatro cambios al mismo tiempo. Revolución: aunque hubo dos nuevos fichajes en el partido, Kroos, Modric, Jovic y Rodrygo, que fueron sustituidos por Hazard, Nacho, Miguel y Casemiro. Camavingo y Valverde se emplearon como defensas ortopédicos, Jovic se adelantó a Benzema, Rodrygo pasó a la banda derecha y Kroos y Modric se quedaron como únicos laterales. Las trompetas del Bernabéu sonaron cuando el segundo Cristiano se reafirmó por la izquierda, marcando el ritmo con un zurdazo geométrico y Bruno superó a Courtois. Chamartín se quedó atónito.


Los aficionados se quedaron boquiabiertos cuando el VAR señaló el fuera de juego de Bruno. El hombre que nunca estaba en fuera de juego era el vástago de Athanasiadis, tan ágil con las manos como con los pies. Para las piernas de Thill. El duelo se estaba acabando, con el Real cada vez más apurado ante la portería, cuando el inesperado luxemburgués partió la red de Courtois con un disparo atronador. El sheriff estaba en camino de conquistar el paraíso.

0 visualizaciones0 comentarios