• Jose Luis Díaz

Convención satisfactoria para Pablo Casado en Valencia

El congreso itinerante del PP fue bien para el partido y no fue negativo para su presidente Pablo Casado. A pesar de los tropiezos y de las meteduras de pata en la selección de las personalidades invitadas, la última imagen fue la de una plaza de toros de Valencia abarrotada, donde se escucharon gritos a favor del líder del partido. Casado no organizó este congreso para conseguir su candidatura a la presidencia del Gobierno y al liderazgo del partido tras las elecciones de 2023, en previsión de que gane la presidencia en las elecciones de invierno de 2024, sino que el próximo cartel electoral llevará su cara, salvo una hecatombe intrapartidista por la que no apuestan ni sus partidarios menos simpatizantes.


Los ecos del Congreso Popular se hacen eco del discurso esencialmente conservador de Pablo Casado, que ha levantado los ánimos de algunos barones del PP. Allí donde gobiernan, necesitan una mayor amplitud de ideas y propuestas. Y no hay nada más indeseable que una dirección nacional entorpezca su camino, que busca que toda la derecha, el centro y la mayor parte posible del centro-izquierda les vote. Esta preocupación siempre presente puede haber aumentado este domingo dado el paralelismo entre los temas que invoca el líder del PP y los que se discuten constantemente en Vox.

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, no puso objeciones a los principios y políticas expuestos por Casado en la convención, que forman parte de su bagaje. Pero ni siquiera los barones territoriales ven en los discursos de la presidenta madrileña un referente que puedan copiar, al menos en su totalidad. "Madrid no es España", fue el estribillo de los barones tras el debate sobre si el PP debe seguir a Ayuso -dado su abrumador éxito en las elecciones autonómicas madrileñas del 4 de mayo-. Todos ellos conocen el terreno en el que gobiernan y las peculiaridades de su sociedad. Algunas de las proclamas que Casado lanzó el domingo en la plaza de toros de Valencia no están en la agenda de sus barones territoriales. La promesa de derogar las leyes del actual gobierno de izquierdas no ha conmovido a los presidentes autonómicos, al menos a los de algunas regiones. La derogación de la ley de eutanasia y su sustitución por una ley de cuidados paliativos, que Casado ha defendido si llega a ser presidente, no es del todo compartida por su partido porque no es rechazada por la mayoría de la sociedad. La confusión deliberada entre la eutanasia y los cuidados especiales a los que van a morir para que no sufran lo más mínimo no la repite el Partido Popular.


Sin embargo, las diferencias en los proyectos y las prioridades no cambian los planes de la dirección nacional. Nadie lo pretendía. La semana de discursos, el intercambio de opiniones, el fortalecimiento de complicidades son algunas de las consecuencias del congreso, según los dirigentes populares. No vinieron a cuestionar el liderazgo de Pablo Casado ni a echar leña al fuego de la tensión soterrada pero casi permanente entre los equipos del presidente nacional y la gobernante de madrileña. Esta fue la actitud de la mayoría de los dirigentes regionales, provinciales y locales del PP. Si Casado llega a La Moncloa de la mano de Vox, su carisma crecerá extraordinariamente. Si no lo hace, se abrirá inmediatamente una disputa por su sustitución. Pero puede estar satisfecho con la convención. Por encima de los dirigentes, muchos mandos intermedios y militantes reforzaron su espíritu de grupo, su espíritu de familia y su patriotismo de partido.

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