• Fernando Carrasco

Camp Nou y vestuario celebran el regreso de Ansu después de 10 meses lesionado y cuatro operaciones

Tras una hora de juego, se desató de repente una tormenta en el Camp Nou, justo cuando Coutinho fue sustituido por Riqui Puig. Y aunque el jugador local es uno de los verdaderos ojos de la afición, la ovación pareció demasiado bulliciosa. Así que cuando Riqui se dio la vuelta, comprendió la situación: Ansu Fati estaba calentando después de más de 10 meses y cuatro operaciones en su rodilla izquierda. Sin embargo, poco después demostró que era el elegido, que no era normal, al marcar un golazo: "No me imaginaba una vuelta así", dijo el extremo al final del partido, con una sonrisa de oreja a oreja, "pero quiero dar las gracias a los médicos y fisioterapeutas que han estado conmigo en este proceso". Y también a los aficionados. Es increíble.


La entrada de Ansu se produjo un cuarto de hora después, en el minuto 81 del partido. "Cuando entró en el campo, el estadio estalló. Fue un momento hermoso. Ansu es muy especial para todos", admitió Alfred Schreuder, suplente de Koeman y primera opción contra el Levante por la sanción del holandés. También fue un momento lleno de tensión y nervios, como demostró el delegado Carles Naval, que tropezó y cayó al suelo mientras llevaba el marcador electrónico al cuarto árbitro. Un tropiezo que ayudó a Ansu a relajarse y también a demostrar que retomaba el camino.


Y eso es literalmente porque Fati se lesionó cuando se pitó el penalti contra el Betis. El placaje le costó a él y a su familia muchas lágrimas y sufrimiento, ya que una lesión de tres meses se convirtió en un calvario en el quirófano. Está olvidado. Así explicó cuando recibió el primer balón, encaró al adversario, lo bailó de fuera a dentro y en reversa, para terminar cayendo en el área, lo que el árbitro no señaló como penalti. Tampoco le preocupó demasiado, aunque pidió al árbitro que fuera a echar un vistazo. Resultó que le esperaba otra sorpresa. Fue en la segunda jugada en la que participó.

Ansu la recibió en la zona de tres cuartos de campo, bailó a su rival y, antes de dar el pase, se paró para echar un vistazo y también para soltar un disparo que por poco se pierde en las redes de la portería. "El gol fue su propia creación y lo creó de un vacío, de la nada. No es que lo haya encontrado. Pero eso es cosa de jugadores excepcionales", dijo Schreuder. Una condición que la siempre modesta Ansu aún no admite. "Soy un jugador más y trataré de contribuir cuando el entrenador me dé la oportunidad de jugar. Tengo que ganarme mis minutos y luego podré ayudar al equipo cuando lo necesite", dijo. Al igual que lo hizo contra el Levante. "Sueñas con marcar un gol. Pero no creí que fuera capaz de hacerlo. No tenía preparada una celebración. Se lo prometí a mi padre y a mi hermano, pero no pude por el protocolo", explicó Fati, que también recibió la buena voluntad de sus compañeros y especialmente de Araujo, que pidió a los aficionados que subieran los decibelios en señal de comunión entre la grada y los jugadores.


Ante la sorpresa del árbitro, que le perdonó las tarjetas, Ansu subió entonces los pocos escalones que conducen a la grada para chocar los cinco con su sobrino, otro de los muchos familiares que le acompañaban. Su madre grababa con su teléfono móvil y bailaba mientras a su padre se le llenaban los ojos de lágrimas. "Mi familia sufrió durante este tiempo. Se lo dedico a ellos y estoy muy agradecido a todos ellos, a los aficionados que me han apoyado mucho durante estos meses", dijo Ansu, que al final se hizo un selfie antes de abandonar el campo, con unos 200 espectadores esperándole detrás para felicitarle. Fati ha vuelto.


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