• Jose Luis Díaz

Asensio en cabeza de un de un partido juvenil

En una noche en la que el Madrid prosperó, el equipo cadete del Real, liderado por un vengativo Asensio y un desbocado Benzema, superó cruelmente a un manso Mallorca. Hubo saludables guiños por todas las partes. Desde Camavingo, que entró en el partido, hasta Rodrygo, pasando por los saludos de Miguel Gutiérrez, Blanco y Sergio Santos. Y qué decir de Asensio, que se ganó el brindis del entrenador y del Bernabéu con tres goles en una semana cuando Ancelotti le pidió que se arremangara en el campo. El jugador balear, era carta muy solicitada. Por los goles y mordida. Nunca perdió su talento, pero sus golpes de pecho están lejos de serlo. Ancelotti tomará nota. Probablemente Asensio también lo haga.


Habría que darle muchas vueltas para encontrar al Madrid sin Casemiro, Modric y Kroos -sus eternos patricios en el centro del campo- en un duelo en el que el botín está en juego. Un síntoma de que la velada era para colegiales, con dos equipos de 25 años de media. Por un lado, Camavinga (18 años), que debuta en el equipo titular, con Miguel Gutiérrez (20 años) y Vinicius (21 años) y Rodrygo (20 años) como laterales. Luis García Plaza ha adoptado el ordago de la juventud, bizarro para presentarse en el Bernabéu con un debutante -Gaya (21 años), un jugador de tercera opción- y un trío de proyecciones satélites en ataque: El japonés Kubo (20), el coreano Kang-in Lee (20) y el estadounidense Hoppe (20). Fue un partido rápido, en el que el Mallorca pagó todo el precio desde el principio. A los dos minutos, Gayá, en su primer latido en Primera, contraatacó con el juanete. Además, el joven resbaló. Y para colmo, se acobardó ante nada menos que Benzema: 1-0, el séptimo gol hasta ese momento del francés que, si alguna vez fue un gato, ahora caza goles como un león.


Los recién llegados de Mallorca sintieron la sacudida. El equipo estaba apilado, con siete cambios con respecto al partido anterior, y la manada estaba en todas partes. Especialmente en las trincheras, una zaga de ursulinas. Asensio, que estaba muy animado frente al equipo local, pudo haber jugado un tiro directo. Hoppe, el delantero que debía cubrir el primer palo, se desmoronó y Reina evitó milagrosamente más problemas. Dos lados de la casa. Uno carece de disciplina defensiva y el otro es indisciplinado en ataque. El Madrid se aprovechó de la situación y estuvo a la altura de su superioridad.

Incluso antes de que Asensio y Asensio se reconciliaran, el público empezó a examinar a Camavingo, que había anclado el córner de Casemiro. El francés dio muestras de su época de jugador revulsivo. Era el momento de medirle con el disco desde el principio. No hay quejas. Un jugador de muchos vectores. Con capacidad para llevarse el balón, hábil para sortear a los rivales o esas ruletas de Zidane que tanto le gustan, y compuesto para interpretar lo que le conviene en cada partido. En el Chamartín, una arena pesada, incluso cuando llegó con el viento a favor, nunca se pudo ver la decadencia en él.


Lago Júnior aumentó el marcador a 2-0 con un disparo en el anfiteatro. Vinicius, que ahora también puede dar un pase, dio una asistencia a Rodrigue. No fue interceptado por nadie del Mallorca, por lo que el brasileño pudo girar y dar el pase de vuelta sin ninguna prisa. Dos balones desviados después, Asensio se abalanzó sobre él, esta vez nervioso ante la portería. Ancelotti le puso un vigía para evitar que el mallorquín se atornillara al borde, donde tantas veces parecía dormido, en fuera de juego. Como un centrocampista, con el horizonte a la vista, otro radar, otro Asensio. Al menos esta vez. Otra cosa será cuando tenga que apretar la mandíbula contra rivales con una guadaña mayor. Pero esta era su noche. Incluso para evitar alguna vergüenza imprevista, como cuando Kang-in Lee selló el marcador con el 2-1 después de una tremenda zancadilla a Courtois que terminó con un disparo enroscado. El golpe fue tan excepcional que pasó por encima de los remos que el portero belga tiene por brazos. Para Lee y Kubo -hasta ahora un cometa brillante en sus carreras en la élite europea- el optimismo duró poco. Asensio fue la estrella. Una sencilla combinación entre Militao y Benzema permitió aumentar el marcador a 3-1. Asensio juzgó el pase frente a Reina y lo clavó en su casa. Mallorca fue la víctima de nuevo.


Tampoco hubo respiro tras el descanso, provocado por un cabezazo indeseado de Nacho a Hoppe, que los visitantes reclamaron sin éxito como penalti. Atrás, esperando la aparición de Asensio, llegó Rodrygo, más clínico que Vinícius, impreciso y algo aturdido hoy. El Mallorca dudó, Rodrygo se dirigió a Reina, con su marcador sin cadena. Él puso el cuarto gol de Benzema, pero gracias a un aviso del VAR, el árbitro vio la falta anterior del internacional galo sobre Sastre. Era todo lo mismo. Asensio seguía teniendo hambre. Entre sus muchos puntos fuertes, destaca un disparo extraordinario. Un zurdazo seco y dinámico desde la media luna completó su trilogía de goles. Momentos después, Ancelotti, ahora confidente del entrenador, le aplaudió cuando Isco le sustituyó. Sin embargo, antes de eso, llegó otro refuerzo. Blanco (21) para Camavingo. Y para colmo, el depredador de Benzema, Sergio Santos (20), otro de La Fábrica, firmó el 5-1. Todo era una fiesta juvenil madrileña. Fue tal el guiso que un año y medio después marcó Isco, por entonces el jugador más veterano del campo junto a Alaba y Courtois. Una velada de himnos: veteranos y noveles, con versos para todos.



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