• Fernando Carrasco

Arrancan las negociaciones sobre el Peñón de Gibraltar tras el Brexit

Las negociaciones entre la Comisión Europea y el Reino Unido sobre la situación del Peñón de Gibraltar tras el Brexit comenzaron ayer en la capital de la UE. El objetivo es encontrar una solución permanente para controlar la circulación de mercancías y personas a través de las fronteras terrestres del Peñón, ya que el actual marco acordado por España y el Reino Unido en la Nochevieja del año pasado es sólo temporal.


En este pacto provisional, las dos partes se comprometieron a establecer una frontera exterior de la UE en el aeropuerto y el puerto de Gibraltar, y a que el Peñón aplique las normas aduaneras de la UE, eliminando los controles en la valla fronteriza. Se espera que esta ronda de conversaciones sea puramente técnica para empezar a organizar los contactos y no se abordarán todavía cuestiones de fondo.

El Peñón no está incluido en el pacto sobre las futuras relaciones tras la ruptura que Londres y Bruselas firmaron en Nochevieja el año pasado, por lo que hay que negociar un protocolo "ad hoc", sobre el que España sigue manteniendo el veto. Estas negociaciones se producen en un momento de máxima tensión entre Bruselas y el Reino Unido por los problemas de aplicación del protocolo de Irlanda del Norte, aunque fuentes diplomáticas españolas confían en que se pueda llegar a un acuerdo con relativa rapidez. Aunque el texto, que marca las pautas de las negociaciones de los Veintisiete, no es público, fuentes diplomáticas explican que España ha cedido a Frontex el control de la frontera con Gibraltar en el aeropuerto y el puerto durante cuatro años si las actuales negociaciones conducen al fin definitivo de la valla fronteriza. Las funciones de control fronterizo corresponderían a España, pero la agencia europea asistiría a Madrid en esta tarea como parte de su mandato. En la actualidad, unos 150.000 ciudadanos de la UE que trabajan en el Peñón cruzan la frontera cada día sin restricciones, y la intención es mantener esta situación para no perjudicar los intereses económicos de la comarca del Campo de Gibraltar.


De hecho, esta cesión española ya fue acordada en las negociaciones bilaterales entre España y el Reino Unido, pero no se incluyó en el mandato de negociación publicado por la Comisión Europea en julio. Esto enfureció al Reino Unido, que lo consideró una traición española porque, sobre el papel, el control fronterizo en el aeropuerto y el puerto seguía siendo de España. Todo indica que estos cambios pueden facilitar la conclusión del acuerdo. Sin embargo, también existe el peligro de que las tensiones sobre el protocolo de Irlanda del Norte contaminen las negociaciones. Se espera que mañana el Ejecutivo comunitario presente un paquete de medidas con pequeñas concesiones para facilitar a Londres la aplicación del protocolo del Ulster, pero las tensiones son máximas y todo indica que la propuesta de Bruselas no será suficiente para Downing Street, que ya ha amenazado con un duro enfrentamiento.


De hecho, en su discurso de hoy desde Lisboa, se espera que el secretario de Estado para el Brexit, David Frost, exija que el Tribunal de Justicia de la UE deje de tener jurisdicción sobre Irlanda del Norte, un cambio totalmente inaceptable para Bruselas porque socavaría uno de los principios fundamentales de este acuerdo que tanto ha costado negociar.


En el acuerdo de divorcio, ambas partes decidieron que Irlanda del Norte seguiría conectada al mercado único de la UE, lo que significa que el Tribunal Supremo Europeo seguirá teniendo la última palabra como intérprete de la legislación comunitaria, aunque el territorio ya no forme parte del club europeo. Bruselas y Londres llegaron a esta solución como forma de evitar una frontera dura entre Irlanda del Norte y la República de Irlanda que amenazara la paz lograda por el Acuerdo de Viernes Santo de 1998 tras décadas de terrorismo del IRA. "La Unión Europea, con su mercado único, es un ecosistema de normas, con reglas estandarizadas y un tribunal a la cabeza para garantizar la coherencia entre los Estados miembros, para garantizar la igualdad de condiciones. Hay una razón para todo esto, somos un mercado único", dijo ayer el portavoz de la UE Daniel Ferrie. Si las dos partes no consiguen superar sus diferencias, existe el riesgo de que Londres decida suspender unilateralmente el protocolo irlandés activando el artículo 16.



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